El patio es el declive por el cual se derrama el cielo en la casa. Serena, la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos...
Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras

EL SILENCIO NO ES MUDO
―Abu, ¿qué haces aquí tan solo?
―Escucho el silencio.
―¿El silencio, abuelo, estás majareta? ―ríe la niña mientras hace muecas.
―Chissssssssst, tú escucha. Cierra los ojos y escucha.
―No me hagas cosquillas, eh… Eso es trampa.
―Tranquila, aunque me muero de ganas, prometo no hacerte cosquis.
―¿Lo prometes?
―Te lo promeeeto. Pero haz lo que te he dicho. Cierra los ojos y escucha.
La niña obedece, aunque de vez en cuando mira de reojo a su abuelo, por si este incumple su promesa. Al cabo de unos instantes se relaja y se centra.
―¿Qué oyes, Haizea?
―A ti, tonto.
―Vaaale, no te pregunto. Tú solo dime qué oyes.
―Escucho el río… Algo que salta al agua. ¡Qué pena, me lo he perdido! ―hace un puchero con los labios― ¿Puedo abrir ya los ojos?
―No, cariño, ten un poco de paciencia. ¿Qué más oyes?
―El viento… pájaros, un grillo… Un perro ladrando (creo que es el del tío Carmelo), las campanas…
―Muy bien, cariño. ¿Ves como el silencio no siempre es mudo?
―Tienes razón, abuelo. Me ha encantado. Cuéntame más cosas.
―A ver qué te puedo contar… ―hace que duda― Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos…
―Jo, abuelo, no he entendido nada.
―No te preocupes, cariño, algún día lo comprenderás, porque voy a dejarte escrito todo lo que hemos hecho esta tarde, ¿te parece?
Años después, esa misma niña, hecha ya mujer, llora ante la tumba de su abuelo y repite en silencio, a modo de oración, una frase que él dejó escrita para ella aquella tarde de agosto: «Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras».
Pero Haizea se siente afortunada porque además de palabras, también tiene el diario de su abuelo y muchas escenas inolvidables con él.

Solo conocí a uno de mis abuelos y no viví nunca una escena similar con él. Pero no sé, si es porque aún está reciente el Día de Todos los Santos o porque las navidades se aproximan (al menos en los supermercados parecen inminentes ya) y siempre me pongo nostálgica en esas fechas, el caso es que últimamente me están quedando un tanto nostálgicos y tristones los relatos.
Y en cierto modo, muy en síntonía el uno y el otro, en cuanto a los roles de los personajes. Si no leíste el de la semana pasada, puedes confirmar esto que digo, leyéndolo aquí.
Por cierto, como dato muy personal, te contaré que nunca he tenido hijos ni me he casado, pero si hubiera tenido una hija uno de los nombres que siempre he barajado es el de Haizea (se pronuncia "aisea". Es en euskara y en castellano se traduce como "viento").

Aprovecho para recordar que mi reto mensual #Fuegoenlaspalabras está ya abierto desde el día uno. Puedes enterarte sobre qué hacer para participar aquí.

Al imaginarte cerrar los ojos, creo que hasta el paso de un caracol se escucha cuando dejas de escuchar... eso decía mi abuelo cuando hacíamos de rondas el día y gritos y chiquilladas... el levantaba el periódico y leía, y cuando nos quedábamos mirándolo... era verdad , un silencio acompañaba su lectura, y hasta el caracol aparecía molestando a mi abuelo.
ResponderEliminarRebeca, li e me emocionei qui. Essqs hist´porias com avós me falam dierretamente ao coração e me fazem arrepiar.. Não posso dizer que tive avós legais por vários motivos, mas temos hoje 7 netos de várias idades ( 30,29, 24, 24, 22, 18 e uma única menina de 11 anos)e procuramos ser avós que deixam marcas na vida deles... Por isso me emociono!
ResponderEliminarAdorei mais uma vez te ler!
beijos praianos, chica
Que diálogo más bonito, Rebeca
ResponderEliminarY cuanto nos enseñan los abuelos, me has hecho recordar a los míos.
Un buen legado, le dejo su Abu.
Un besazo, feliz noche 😘😘
Un relato lleno de ternura y sensibilidad Rebeca que nos recuerda que los mejores regalos no siempre se envuelven: a veces son momentos compartidos, enseñanzas sencillas y palabras que permanecen cuando alguien ya no está. Me ha emocionado esa complicidad entre abuelo y nieta, y la manera tan hermosa de enseñar que el silencio también está lleno de vida. Un homenaje a esos abuelos que dejan huellas imborrables en el corazón y convierten sus recuerdos en una forma preciosa de seguir acompañándonos.
ResponderEliminarMe gustó muchísimo. Un abrazo
¡qué preciosidad! Silencio y sabiduría son una combinación perfecta en tu relato. Bss
ResponderEliminarLos abuelos solo pueden dejar buenos recuerdos y mejores historias. Como la tuya. ;)
ResponderEliminarHola Rebeca, una historia muy tierna escrita con el corazón sin dudas, esos recuerdos vividos en la infancia nunca se olvidan y nos llenan el alma de adultos.
ResponderEliminarTe cuento que yo no conocí a mis abuelos, ellos murieron mucho antes de que yo naciera, si a mis abuelas y un tío abuelo (hermano de una de ellas) hizo de abuelo de mi hermano y de mí, nos contaba cuentos que él mismo inventaba para nosotros, cuentos que al día de hoy recuerdo como si fuera ayer haberlos escuchado.
Muchas gracias por tan bonito relato, un abrazo.
PATRICIA F.
Hoje vim conhecer seu espaço. Bj
ResponderEliminarHubiera deseado un abuelo, le hubiera hecho tantas preguntas y hubiera tenido tantas charlas con él que al final me hubiera pedido él mismo un poco de silencio. Los hubieras repetidos son a propósito:)) Un regalo de relato. Gracias.
ResponderEliminarMe parece un diálogo mágico entre abuelo y nieta. Todo lo que ocurre entre los abuelos y los nietos tiene algo de magia y además tú protagonista ha tenido la suerte de tener en su poder el diario de su abuelo.
ResponderEliminarUn relato que guarda la alquimia para que esa niña, ya mujer, se agarre a él y sea feliz
Muy bonito.