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También podías haberles recitado aquello de "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
ResponderEliminarSeguro que les hubiera gustado.
Donde se pongan unos botines así, que se quiten todos los GPS, y todas las botas de siete leguas.
Buen microrrelato.
Besos.
Como nos encariñamos tanto con las cosas no? Breve pero me encantó.
ResponderEliminarSaludos!
Hola Sechat. A mi me ocurrió con un jersey. ¡fíjate que cosa¡ Le tenía tanto cariño que lo mimaba y lo cuidaba con esmero.No llegué a ponerle música, pero casi. Recuerdo que en una noche loca lo perdí. Y menuda pena me dió... En fin, luego han llegado otros, pero ninguno como aquel.Besos
ResponderEliminarEs genial el relato, breve, pero conciso y muy sentido, me encanta.
ResponderEliminarYo también le he cogido mucho cariño a unos botines, los míos son negros, estoy encantada con ellos, encantada, aunque ya están tan estropeados... llevo ocho años con ellos, pero ahí los tengo, debajo de mi cama, en su cajita, esperando que llegue más el frío para usarlos, este año también lo vamos a pasar, yo con los pies calentitos, y ellos cumpliendo su función. Qué están estropeados? Sí, pero duran aún.
besos
Por un instante aquella piel inanimada adquiere la vida que le dan los buenos recuerdos.
ResponderEliminarLa complicidad con aquellos botines les evade durante ese momento de una realidad inerte.
Un abrazo!
Hola, Sechat:
ResponderEliminarIntentando ponerme al día :)
Tengo que decir que me encantó.
Haces unas descripciones estupendas.
¡Yo quiero unos botines!
Y me parece muy original la idea de mimarlos de esa manera.
Saluditos.
Perikiyo: ¿Caminante no hay camino? Buen tema, sí señor. Lástima que no se escriban cosas así ya. Un abrazo.
ResponderEliminarTereza: A veces esas pequeñas cosas, compensan ciertas carencias. Un abrazo.
Félix Casanova Briceño: Lo bonito del objeto fetiche es precisamente el consuelo que nos dispensa su recuerdo. Un abrazo.
Arwen Anne: A menudo los objetos de los que nos encariñamos se convierten en el mejor amigo.Cudia de tus botines. Un abrazo.
Carlos: La realidad de aquellos botines, nunca tuvo tanta fuerza como en el momento en que desaparecieron de mi vida. Un abrazo.
Esther: ¡Bienvenida de nuevo por aquí! Espero que te pongas al día cuanto antes y que nos regales alguno de tus maravillosos escritos. Un abrazo.