Esta semana es Luferura desde su blog La veleta quien nos lanza el reto de los jueves. Y me da que soy la última en unirme, rozando el cierre de plazo. ¡Qué novedad! 😅
¿Y qué nos pide el anfitrión a quienes queramos participar?
Pues te lo indico a continuación, tomando sus propias palabras:
Se trata de describir vuestra máquina del tiempo. ¡Que no cunda el pánico! No se pide un relato de ciencia ficción ni científico, sino más bien sentimental. Se trata de evocar ese objeto que nos traslade al pasado, con buenos o malos recuerdos, y nos permita imaginar un futuro con sus esperanzas o temores. Como veis, se trata de encontrar un artilugio que nos lleve a un viaje interior desde el pasado hacia el futuro. Puede ser cualquier cosa, grande o pequeña, propia o ajena o, incluso, sólida o etérea.
Dejad volar vuestra imaginación en, aproximadamente, unas 350 palabras y compartid vuestra máquina del tiempo y comentarios sobre las mismas.
Como ves se trata de un relato que no supere las 350 palabras y que evoque un viaje al pasado pero con tintes sentimentales.
Confieso que mi historia no ha ido por dónde yo esperaba, cuando en mi duermevela de anoche, empecé a imaginarla, pero bueno se parece bastante.
Y mejor no me entretengo y te dejo con mi historia.
Recuerda visitar y comentar al resto de compis, por favor, a través del enlace que te dejo al comienzo de esta entrada.
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¡ERA TODO TAN BONITO!
Total de palabras: 350
No doy ni dos pasos y encuentro una amapola. Su rojo me golpea con recuerdos que creía olvidados.
Me mareo y caigo.
No sé cuánto permanezco inconsciente, pero noto cambios al despertar. Ahora contemplo el mundo desde bastante menos del metro cincuenta, y siento más vitalidad. Mis manos son mucho más pequeñas y libres de cicatrices.
Tampoco estoy ya en la casa que mis padres construyeron cuando cumplí los veintitrés, sino en la que siempre será la de mi infancia. Todo sigue como entonces.
Estoy sentada en las escaleras de madera, tras la puerta blanca que separa la planta baja, de los dormitorios en la planta superior. No me atrevo a moverme por si los crujidos me delatan, aunque estoy tentada de usar el balaustre como tobogán y jugar como solía hacerlo.
A mi espalda oigo a mi hermano y mi primo jugando al balón en el patio. Ríen y pelean. Es posible que algún amigo esté con ellos, pero no me atrevo a asomarme. No quiero romper la magia.
También escucho a mi madre, mis tías y a mi abuela trajinando en la cocina y en el comedor. Bromean entre ellas. Cierro los ojos para que ese instante perdure siempre.
Sobre el puente de mi nariz las gafas metálicas comienzan a pesar y a hacerme daño. Me las quito por un momento y resbalan cayendo al suelo con un golpe.
Antes de recogerlas alguien ya ha descubierto mi falso escondite. No me atrevo a averiguar quién es y salgo corriendo.
Troto por la calle Mayor hasta girar a la derecha y me detengo junto a la antigua cabina de teléfono. Desde una pequeña flor, crecida entre la acera y el adobe de una de las cuadras, una mariquita capta mi atención. La cojo con cariño y jugueteo con ella.
Se levanta viento y desde algún tejado cercano una veleta se queja con su inconfundible ruido metálico. Desde la cuadra una vaca muge.
Vuelvo a sentir un mareo, pero esta vez floto.
Despierto de nuevo en mi pequeño piso. Y un único pensamiento invade mi cabeza: "¡Era todo tan bonito!"

A falta de una imagen propia con la amapola, la veleta o la mariquita, he optado por pedir a Gemini que me crease una hiperrealista con esos tres elementos, en un entorno rural o campestre. Así que la dejo por aquí.
Creo que es evidente que está generada con IA, porque la veleta se ve demasiado grande, pero bueno...
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| Imagen generada con IA |
Por lo demás, como siempre, un auténtico placer participar de nuevo en un reto de escritura y, aunque en realidad yo he recurrido a varias máquinas del tiempo, espero que esto no me penalice.
Por cierto, a ver si me organizo mejor esta temporada y puedo participar en tantos retos como surjan a mi paso.
El mío, de Fuego en las palabras, por si te apetece saberlo, comienza el 1 de octubre (esta temporada hay novedades).
Nos leemos.
Un abrazo.
P.D: sigo teniendo problemas con las tipografías en el blog y varían de tamaño a su libre albedrío, por más que modifico los tamaños en la vista HTML al redactar la entrada.
Os pido disculpas.
Rebeca, que coisa mais linda! Uma só flor, uma joaninha, te levaram a um mágico lugar de tuas boas memórias e por lá estiveste por um tempinho! Adorei! Lindo, emocionante! Parabéns! Adorei a criação da IA e adoro joaninhas, como bem podes ver pela minha omagem... beijos, tudo de bom,chica
ResponderEliminarMillones de gracias por visitar y comentar de manera incansable mi sitio, Chica.
EliminarMe alegra que te haya resultado emocionante.
Por cierto, también a mí me gustan las mariquitas.
Un abrazo enorme.
Qué viaje tan bonito a través de los sentidos: el rojo de la amapola, los crujidos de la madera y el ruido de la veleta. Has retratado la infancia con una ternura increíble. Un precioso relato que, al final, es un refugio.
ResponderEliminarSaludos Insolentes!!
Hola Rebeca,
ResponderEliminarMás que utilizar una máquina has utilizado una ensoñación a la que te ha llevado algo tan sencillo como una amapola, una regresión emocinal que se acaba rompiendo en un abrupto salto al presente, descrito desde la perspectiva de que el narrador sabe que pertenece al pasado, que no va a durar y hay que disdrutarlo al máximo. Muy bonito relato.
Un saludo