- Nostalgia y recuerdos.
- El latido de una mujer.
- El sonido del tiempo: ese tictac constante y sigiloso que avanza sin detenerse.

WAKANA
Cerca de la ventana, Sachiko entrelaza sus manos con las de Wakana postrada sobre su futón. La mujer es apenas un ovillo invisible entre la ropa de cama, pero incluso enferma su rostro muestra una serenidad que invita a los suyos a dar gracias por haber disfrutado de su nobleza y sabiduría.
Junto al modesto tatami una pequeña bandeja obon, con restos de sopa de miso en el interior de un pequeño cuenco de laca añil. A escasos pasos a la derecha, pegado a la pared, el altar familiar cuyas puertas abiertas conectan pasado y presente con los nombres de los antepasados escritos en tablillas de letras doradas iluminadas por una vela.
Wakana casi no respira. Su aliento es tan débil que el aleteo de una mariposa lo hace inaudible por completo. Su mirada permanece fija en el mismo punto desde hace horas. Como si pestañear ya no fuera un acto reflejo sino un lujo.
Sachiko no quiere llorar, pero añora las historias salidas de labios de su abuela tantas y tantas veces. Afuera la lluvia escurre desde los tejados y se mezcla con la tierra del tsubo-niwa. En la vivienda se presiente la muerte mientras que en su exterior el jardín grita en nombre de la vida.
Y así, entre recuerdos no pronunciados en voz alta y el contraste del verdor exultante del exterior, poco a poco Wakana se va extinguiendo y se convierte en nada. En menos que una gota de lluvia diluida en la fuente del jardín... en menos que la hormiga más pequeña del hormiguero.
Sachiko ya no nota el pulso en las manos de su abuela y contiene la congoja ante su pérdida. Se levanta. Camina hacia el butsudan. Se arrodilla. Toma la maza de madera y golpea con suavidad solemne el borde del rin.
El tañido agudo y limpio del cuenco de bronce rompe la quietud, expandiéndose entre los paneles de papel de la estancia.
La vibración se sostiene en el aire suspendido, flotando junto al aroma a sándalo, apagándose tan lenta y pacíficamente como el último suspiro de la anciana.


IMAGEN Y FRASES PARA INSPIRARNOS
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| Cuadro El reloj y la belleza de Itö Shinsui |
- Sachiko: Sachi es "felicidad" o "buena suerte", Ko es "niña".
- Wakana: wa es "armonía" y kana es "música".
- En Japón hay multitud de tipos de bandejas según su uso. Yo he elegido la de estilo obon, porque no tiene patas, es llana y ligera, se usa para transportar alimentos y por su estructura permite dejarla en el suelo que era mi idea inicial.
- He elegido el sándalo como aroma del sahumerio por considerarse el más tradicional y solemne en Japón para contextos como el que narro.
- Tsubo-niwa es el nombre que se da a los jardines interiores.
- Existen varios instrumentos tradicionales japoneses vinculados a los rituales de la muerte, la transición de las almas y el duelo. El rin (también llamado orin) es un pequeño cuenco cantador japonés, generalmente hecho de bronce o latón, que descansa sobre un cojín de seda. Se hace sonar golpeando suavemente el borde exterior con una pequeña maza de madera forrada de cuero.
- Su significado: En la tradición budista japonesa, el sonido limpio, agudo y de larga reverberación del rin sirve para purificar el espacio, alejar los malos espíritus y guiar el alma del fallecido hacia la iluminación, asegurando que no se pierda en la transición.
- Uso en la escena: Es el instrumento que las familias tienen en el altar doméstico (butsudan).
- Butsudan (altar doméstico). El butsudan es un armario de madera, un santuario en miniatura que conecta a los vivos con los antepasados y con Buda. En una casa japonesa tradicional, se sitúa en la habitación con suelo de tatami (la misma donde suele descansar el enfermo).
- La estructura: es un mueble vertical de madera oscura (a menudo lacada en negro o marrón profundo), con dos puertas frontales.
- El centro del altar: en el estante superior y más elevado preside una pequeña figura de Buda (o un pergamino sagrado). Justo debajo, o a los lados, se colocan las ihai (位牌): tablillas funerarias de madera lacada en negro con letras doradas donde están escritos los nombres póstumos de los familiares que ya fallecieron.
- Los elementos rituales (en la base o estante inferior):
- El candelero (rosoku-tate): una vela blanca encendida.
- El incensario (koro): un cuenco de cerámica o bronce lleno de ceniza blanca prensada.
- Las ofrendas: pequeños cuencos con una porción de arroz blanco recién hecho y una taza diminuta de agua fresca o té (ofrendas diarias a los espíritus).
- El Rin: sobre su pequeño cojín circular de brocado de seda (normalmente de colores rojo, dorado o morado), con su maza de madera.
Por supuesto, me hubiera gustado dar más margen dentro de mi historia para describir el altar, pero 350 palabras son 350 palabras y si no, me iba a exceder mucho. Es más, como me sucede últimamente, he tenido que recortar varias veces, eliminar palabras e incluso frases enteras para encajar en ese límite. Pero eso es precisamente lo que hace más estimulantes los retos. ✌
📌 DATO CURIOSO:
Por si te apetece, te quedan aún unos días para participar en mi reto mensual #Fuegoenlaspalabras. El 1 de noviembre arranca la nueva edición, no te quedes con las ganas de participar en la de octubre y corre para leer qué hay que hacer.
Y ahora sí, puedes volar libre hacia un libro o una buena historia.

Buenas noches, Rebeca todo un ritual japones nos dejas, está muy de moda su cultura y su arte, la verdad nunca me dió por introducirme en ella, y creo que lo tendré que hacer. Nunca está de más conocer nuevas formas de ver y sentir la vida. Un beso 😘 y felices sueños.
ResponderEliminarCreo que se puede aprender de cualquier cultura. Independientemente de que esté más o menos de moda. Si te digo la verdad, Japón a mí me comenzó a atraerme hace poquito, pero más por su espiritualidad que por algo sobre lo que todo el mundo habla.
EliminarUn abrazo enorme.
Rebeca, que maravilha de inspiração nesses rituais todos e tão bem enredados cada um nesse teu lindo e comovente texto!
ResponderEliminarGostei muito!
beijos praianos,chica
¡Hola, Chica!:
EliminarMe halaga que te haya gustado tanto todo el ritual que he tratado de describir en mi texto sin profundizar en cada detalle sobre el altar y el resto de elementos. Temía que la historia, en sí, perdiese fuerza si me detenía demasiado en aspectos más descriptivos.
Si estás en la playa, intuyo que por ahí estáis ya como mínimo en primavera. ¡Disfrútalo!
Un abrazo.
Buenos días Rebeca, tu relato es una delicada elegía sobre la despedida, la memoria y la serenidad con la que, a veces, la vida se entrega al silencio. Me conmueve el contraste entre Wakana, que se apaga lentamente, y el jardín que estalla de verdor bajo la lluvia, como si la naturaleza nos recordara que todo final forma parte de un ciclo infinito. La presencia de Sachiko, sus manos entrelazadas con las de su abuela y el tañido final del cuenco de bronce convierten el dolor en un ritual de amor y respeto. Esto me trajo recuerdos llenos de nostalgia con mi abuela. Cada detalle, desde el aroma a sándalo hasta las tablillas doradas del altar familiar, envuelve la escena en una atmósfera íntima, profunda y espiritual. En mi opinión es un relato que no necesita lágrimas ni grandes palabras para conmover, porque su verdadera fuerza reside en lo que calla: las historias compartidas, la sabiduría heredada y el vacío que deja quien nos enseñó a mirar el mudo, pero nunca borrar el sonido del corazón de quienes la amaron.
ResponderEliminarUna participación bellísima, gracias por participar.
Un fuerte abrazo
¡Hola, Nuria!:
Eliminar¡Qué feliz me siento de que hayas visto todo eso en mi relato!
Es verdad que no me regodeo en el momento de la muerte como tal y que quería lograr un equilibrio entre nostalgia, cariño, tradición y respeto. Pero no estaba del todo convencida de haberlo conseguido. Así que saber que tú has sido capaz de descubrir esa fuerza justo en lo que no se dice, pero que se lee entre líneas, es en sí una recompensa.
Gracias a ti por la propuesta.
Un abrazo enorme.
Además de contarnos sobre una pérdida, el inicio de un duelo, de una nostalgia por alguien que acaba de morir, nos dejas datos sobre una tradición.
ResponderEliminarTan distintos y compartiendo emociones.
Un abrazo.
Al ver la imagen que nos traía Nuria no pude evitarlo y quise hablar de Japón y una de sus muchas tradiciones. La muerte de Wakana fue el vehículo para transportaros a esa nostalgia.
EliminarUn placer tenerte en mi rincón. Gracias por la visita.
Un abrazo.
Hola Rebeca has escrito una preciosa historia, con toda la tradición japonesa.
ResponderEliminarTe cuento que últimamente estoy leyendo varios autores japoneses y tengo varios libros en espera para ser leídos, me gusta mucho la cultura japonesa y en mi jardín tengo un sakura al que adoro, pues es un regalo de mi hijo para el día de la madre, hace varios años ya.
Disfruté mucho tu historia y sin dudas creo que puedes ampliarla agregando todo lo que pensabas y no pudiste por la exigencia del desafío y cuando lo hagas me avisas que con placer lo leo.
Un abrazo.
PATRICIA F.
Amiga Rebeca, boa noite de paz!
ResponderEliminarTudo muito bem explicado...
Uma história delicada, comovente. O perfume de sandália já exprime uma certa nostalgia pelo odor...
Gostei.
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
Cada detalle cubierto de sándalo, las tablillas de incienso que difuminan cada idea en el altar familiar, una atmósfera íntima...espiritual.
ResponderEliminarEl silencio y el tiempo terminarán de explicarme el porque...
La triste y serena realidad bajo un enfoque muy emotivo. Un buen trabajo el aunar todos los elementos, bravo.
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